¿En qué miedo decidiste que tu hijo te pertenece más?

Madres que de un día para otro hacen la maleta, cogen a niño y se van del hogar familiar o padres que amenazan con llevarse a  los hijos si la mujer se divorcia. Estos son casos reales que, por desgracia, se dan con bastante regularidad en torno a una separación. Y yo me pregunto, ¿en que miedo un progenitor decide que su hijo o hija le pertenece más que al otro como para actuar así?

¿Qué impulsa estos comportamientos?

Lo que hay detrás de estos comportamientos es  miedo. A veces, el peligro es real y hay que actuar así (violencia de género), pero esto no ocurre en la mayoría de casos donde uno de los progenitores decide unilateralmente por los motivos que tenga, actuar de esa manera (sus motivos son reales para él o ella).

Estas reacciones son puramente instintivas y totalmente inconscientes. La persona que siente miedo no es capaz de razonar ni de reflexionar. Su cerebro le pone en modo supervivencia y le muestra la salida para huir y poner a salvo su vida y la del cachorro.

El que se va

Alguien que ha llegado a este punto puede que venga de aguantar “carros y carretas” en esa relación, de haberse infravalorado, de haber dado mucho y haber recibido poco, de haberse olvidado de sí misma/o, de haberse hecho cargo del cuidado de todos los miembros del hogar o,incluso, haber aguantado en esa relación ya rota por tal de no sentirse solo o sola y desde ahí, convertirse en familia “a ver si mejora la cosa”. Hay casi tantas razones como personas separadas y todas son legítimas porque es lo que se siente en ese momento si se deja llevar por el instinto y no se le pone raciocinio ni consciencia.

Si tú te encuentras al límite en esa relación familiar, si sientes que no puedes más o que emocionalmente estás hundida/o  y quieres separarte pero no sabes cómo, yo puedo ayudarte a realizar el proceso de forma coherente y beneficiosa para todos (aunque lo beneficios no los puedas entender al principio). Pero, por favor, no cojas al niño o niña y te lo lleves como si de tu maleta se tratara ni amenaces con hacerlo porque no es propiedad tuya.

El que se queda

Ahora voy a hablar del otro progenitor que se encuentra en el lado contrario, es decir, el que ve que su pareja se ha ido con la maleta y el niño o niña. Biológicamente, el cruce de cables entre hemisferios es tan fuerte al sentir que ha perdido a los miembros de su territorio que enloquece de rabia en la mayoría de casos. Esta locura, dependiendo de su historia pasada, suele mostrarse con gran ira, enojo y grandes dosis de  agresividad tanto hacia fuera como así mismo. Pasada esta intensidad emocional, que puede durar días, semanas o meses, donde la persona es capaz de hacer cosas “impensables” (recordemos que es su parte animal quien comanda y no la del razonamiento humano), suele dar paso a la autodevaluación, es decir, a la culpa y al victimismo al pensar que él o ella también ha contribuido  (inconscientemente) para que se de esa situación.

Dos progenitores y dos caras de la misma moneda

Aquí tenemos a dos progenitores víctimas de una misma circunstancia. Ambas son víctimas de una misma situación “inesperada”: una porque se siente en peligro tras una gran discusión y la otra porque se siente abandonada tras la huida. Cada una lo va a vivir de manera diferente según el nivel de estrógenos y testosterona que tenga en el cuerpo. Sí, las hormonas comandan gran parte de nuestro comportamiento y no podemos controlarlo. Lo que sí podemos gestionar un poco con ayuda profesional son los conflictos que promueven ese baile hormonal.

¿Victimas o victimizados?

¿Cuál es la diferencia entre ser víctima de algo inesperado y victimizarse por lo sucedido?

Aquí es donde entra la madurez, la razón, la coherencia y la consciencia. Sabiendo que no es posible revertir lo ocurrido, sí que podemos gestionarlo de una manera adulta buscando los recursos necesarios, ya sea viendo vídeos, escribiendo en papel, hablando con alguien de confianza, recibiendo terapia y/o acudiendo a las autoridades competentes.

“Las herramientas están ahí al alcance de todos al  igual que  la decisión de usarlas”.

El comportamiento de cada uno a partir de ahora varía en función de sus patrones automáticos, de sus heridas pasadas y del nivel de consciencia actual. Por ejemplo, el progenitor que ha huido puede que se vaya a casa de algún familiar cercano y empiece a actuar movido por la ira en primer lugar y por el miedo después. Puede que este progenitor tome medidas legales para proceder a la demanda de divorcio/separación si es que estaban casados o eran pareja de hecho, o puede que no tuviesen documentos que acrediten esa relación y se autonombre familia monoparental en los documentos sucesivos. Estos casos se dan mucho en mujeres embarazadas o en pleno puerperio movidas por el miedo instintivo de perder a la cría tras una situación desencadenante, es decir, es victima de una situación inesperada con el otro progenitor.

Pero si, pasados unos días o semanas, la situación sigue igual con el añadido de que está criticando, maldiciendo y quejándose de lo que el otro progenitor ha hecho para tener que actuar así, ha pasado de ser una víctima de la situación a estar victimizándose (regodeándose de la situación). La diferencia es que no se está haciendo cargo de sus emociones ni de sus actos, no está teniendo en cuenta las necesidades parentales del menor y, mucho menos, no puede ponerse en los zapatos del otro cónyuge. En el momento en que una persona no se hace responsable de su situación como adulta que es, deja que dirija sus movimientos  su niñ@ interior y  sus heridas pasadas.

Cambiar esto requiere una primera toma de conciencia para reconocer  ésto que me está pasando, observar las consecuencias emocionales que me está trayendo y discernir entre lo que me está pasando a nivel de pareja y lo que el hijo/a necesita de sus padres.

Si nos vamos ahora al progenitor que se ha quedado en casa y también víctima de una situación inesperada (el otro se ha ido con la cría) es posible que se quede en el enfado, la queja y la crítica. Incluso puede dar pie a la no reacción (bloqueo), al aislamiento y al silencio. Este tipo de comportamiento también es biológico al principio, pero si perdura esa situación, ya entra de nuevo el sistema de creencias y las heridas pasadas. Aquí es donde pasa de ser víctima a victimizarse, es decir, no actúa de manera consecuente a lo que está viviendo por miedo, también, a perder a la cría si toma acciones legales contra el progenitor huido.

¿No es increíble comprender que, tras un divorcio, ambos progenitores actúan movidos por el mismo miedo?

Pide ayuda siempre que puedas

Como de leyes entendemos bien poco a no ser que nos dediquemos a ello, lo que muchos ciudadanos de a pie no sabemos es que la fiscalía siempre intenta velar por los derechos del menor. Es verdad que algunas sentencias son poco o nada favorables bajo nuestro parecer, pero hay circunstancias en las que tenemos y debemos delegar responsabilidades a las autoridades competentes porque no podemos resolverlo solos, porque las emociones nos ciegan y porque las heridas nos sangran. 

Si te resuena alguna de estas situaciones y no sabes cómo salir de ahí o tienes otra diferente en la que quieras trabajar, yo te puedo acompañar y asesorar parte del camino. Para eso, rellena este formulario y te contestaré lo antes posible.

“Recuerda que un hijo es fruto de dos semillas”

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Acompaño el aspecto emocional de padres y madres durante el proceso de divorcio así como las dificultades que aparecen a posteriori. Las sesiones pueden ser conjuntas para establecer el mejor convenio para la familia (de mutuo acuerdo) o por separado para quien quiera ese apoyo y sostén emocional. El objetivo es que uno o ambos progenitores aprendan a gestionar la separación de forma coherente para que no sea un trauma familiar.

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