La cara oculta de las rutinas en la infancia

Existen numerosas teorías sobre los beneficios que deberían producir  las rutinas establecidas en la infancia, sin embargo, conseguir que los niños las realicen se traduce, en la mayoría de veces, en enfados, frustración, tristeza, palabras poco amables hacia el niño y una desconexión del vínculo emocional.

¿Realmente son tan beneficiosas las rutinas en la infancia?

 

Soy conciente de que lo que voy a escribir a continuación puede “romper los esquemas” a bastantes familias. No obstante, también traigo una nueva visión de cómo enfocar y establecer  hábitos de forma natural sin que genere tanto malestar en el ambiente familiar. Lo aquí expuesto se basa en mi experiencia personal como madre y en la experiencia profesional de acompañar a otras familias  durante la crianza.

Tras haber recopilado varias definiciones de la palabra “rutina”, detallo a continuación un compendio de ellas. Rutina: costumbre o hábito obtenido de hacer algo de un modo determinado más o menos automático y que no requiere reflexionar ni decidir. Habilidad que es únicamente producto de la costumbre.

La mayoría de los adultos, por no decir todos, actuamos como robots en función de la programación heredada que  traemos de serie más la que nuestros padres, profesores y demás cuidadores nos introyectaron en la infancia. Para quien no sepa lo que significa introyecto, puede leerlo aquí.

De la misma manera en que nosotros actuamos por rutina sin pensar ni reflexionar, pretendemos inculcar a nuestros hijos cómo ser “buenos” robotitos para que el día de mañana sean grandes robots en la sociedad capaces de responder de forma automática a las situaciones que le lleguen,o lo que es lo mismo, obedecer,someterse y victimizarse.

Doy por hecho que en cada núcleo familiar se hacen las cosas de diferente manera con las mejores de las intenciones y que lo que para unos funciona, para otros no es así. Entiendo que según cultura, educación y tradición hayan costumbres familiares infranqueables, del mismo modo en que también entiendo que no quieran cuestionarse el para qué actúan de esa manera.

Aquí no trato de poner en tela de juicio lo que cada familia realiza. Con esto no pretendo que se establezcan o se dejen de establecer rutinas en la infancia ni juzgar cómo lo hace cada uno, sino más bien, que nos demos cuenta de cuáles son las auténticas necesidades que se esconden detrás de esos hábitos repetidos, de cuáles son los miedos que nos impulsan a llevarlas a cabo y de qué otra manera se puede obtener el mismo resultado sin imposición, autoridad ni desconexión emocional con los hijos.

¿Para qué sirven las rutinas?

Además de la gran cantidad de biografía escrita que hay sobre los beneficios que producen las rutinas en los niños, esta es una creencia ciega colectiva que apenas unos cuantos nos cuestionamos cuando ponemos el foco en los niños. Con todos mis respetos a esos trabajos, los escritos provienen de “eminencias” que han realizado sus investigaciones teniendo en cuenta la perspectiva,la interpretación y las necesidades de otros adultos sin tener en cuenta la vivencia real infantil. ¿Qué siente un niño cuando le imponen una orden? ¿Alguien se ha preocupado en observar cuáles son las necesidades genuinas de los niños desde su prisma “a ras del suelo”? Yo lo asemejo como parir en una camilla con las piernas hacia arriba por favorecer la perspectiva y necesidades de la “eminencia de bata blanca”. ¿Dónde queda lo que la mujer necesita según su vivencia?

Dicen que las rutinas les aportan tranquilidad, seguridad, autonomía, equilibrio emocional, les ayuda a comprender el tiempo, aprenden a  organizarse y concentrarse. Hasta he leído que las virtudes que desarrollamos con nuestro carácter son consecuencia de años de hábitos repetidos. Pues yo digo que los beneficios no los aporta la repetición de una actividad en periodos de tiempo determinados, sino el acompañamiento al niño en dicha actividad y la información previa que le digamos.

Los niños viven en el aquí y ahora, son presente puro, son atemporales. ¡Ojalá los adultos pudiésemos volver a  ese estado de presencia! Creemos que si bañamos al niño todos los días a la misma hora es bueno para él, pero lo que no nos damos cuenta es que el mañana no existe según su desarrollo. Mañana no se va a acordar de lo que toca a las 20:00. Eso sólo nos sirve a los adultos para organizarnos el día. Y desde este conocimiento, podemos decirle que vamos a preparar el baño para cuidarle, mimarle, estar con él, jugar, tocarle,… ¡Esto es lo que realmente le da tranquilidad al niño!

Los beneficios no los aporta la repetición de una actividad, sino el acompañamiento al niño en dicha actividad.

Niñez o infancia son sinónimos de espontaneidad, sencillez, naturalidad, inocencia, ingenuidad, sinceridad y franqueza. ¿Por qué nos empeñamos los adultos en impedirles desarrollar esas capacidades innatas? ¿Por qué nos creemos con el derecho de tener que amaestrarles y adoctrinarles? ¿Y por qué nos cuesta tanto dejarles ser?

Las rutinas crean frustración en ambas partes:rutina1-crispadilla

A los padres. Con la mejor de nuestras intenciones les imponemos buenos hábitos sobre la comida, el sueño, la higiene, el juego o el orden. Cuando empiezan a caminar nos creemos que ya empezarán a cumplir con ciertas rutinas por sí solos pero, como no es así, ahí estamos día a día, repitiendo las mismas cosas una y otra vez sin conseguir el resultado esperado. Estas expectativas son lo que llevan a la frustración. ¿Qué pensamientos dan lugar a la rabia? << Si no me hace caso es que no me respeta como padre. Si no consigo que haga tal cosa es señal de que no soy una buena madre. Si no le mostramos autoridad se nos subirá a la chepa>>. En estos momentos es cuando ya no se sabe qué decir y se opta por los chantajes o los castigos, acciones que aumentan la distancia emocional con los hijos y debilitan el vínculo.

A los niños. Para empezar, a nadie le gusta que le manden ni le ordenen, ese hecho ya de por sí genera rabia. A esto le sumamos que la orden que recibe el niño choca con la actividad que esté realizando en ese momento. Por regla general, las actividades espontáneas que realizan responden a algunas de sus necesidades básicas. Sienten frustración porque les estamos contrariando en su territorio, es decir, no estamos teniendo en cuenta sus necesidades y creemos que lo que nosotros les decimos es por su bien. Después de sentir la rabia, suele venir el miedo o la tristeza al sentir que sus referentes no les escuchan, no les comprenden, no les tienen en cuenta, no les valoran o no les reconocen. Las traducciones más comunes  por parte de la psique del niño son: no soy apto, soy diferente, no tengo un lugar para SER en esta familia, algo falla en mí porque me repiten mucho las cosas, como no puedo hacer todo lo que me piden es que no soy capaz, nunca podré ser tan brillantes como ellos (recordemos que durante la infancia ellos quieren parecerse a  sus referentes), si en mi casa no me aceptan será parecido en el colegio,…  Luego vienen los tan  conocidos trastornos de y otros síntomas  y no sabemos las razones que llevan a un niño a comportarse así: <<el problema lo tiene el niño, es que ha nacido así>>. Lo siento pero no estoy nada de acuerdo.

Los padres somos los primeros responsables de la mayoría de sucesos que acontecen a un niño. Posteriormente entran en juego los demás familiares cercanos, el profesorado y las amistades. Si quieres saber otras maneras de cuidar el ambiente familiar puedes leerlo en este otro artículo que escribí.

Rutinas flexibles.

Se confunde crear rutina con imponer ritmos biológicos.

Veamos algunos de  los hábitos más comunes:

  • Sueño. Dicen que hay que acostarles a una hora determinada, que tienen que hacer la siesta a tal momento o que no pueden dormirse a determinadas horas. ¿Qué es lo que se tiene aquí en cuenta? Las necesidades del adulto y no las del niño. Su cuerpo, al igual que el nuestro, tiene su propio ritmo de sueño que se altera por diferentes motivos. Hay personas que son de más dormir, otros de menos, otros de madrugar y otros de trasnochar. ¿Las razones? No voy a entrar ahora en ellas ,pero ahí estamos los padres cada día con la batuta de mando dirigiendo los horarios de sueño de los hijos “por su bien”.  <<Es que si no le digo de dormir,se quedaría hasta las tantas despierto y al día siguiente estará cansado>>. Posiblemente sea así, pero él solo se irá regulando por el bioritmo que le marca su cuerpo. El cerebro sabe muy bien como orquestar al organismo. A la que ve que hay varios días de cansancio inusual, reajusta las coordenadas y manda la orden de dormir antes. Claro que para poder comprobar esto hay que dejarle ese espacio al niño y, quizá, nosotros quedarnos despiertos a su lado, con lo que esto entra en conflicto con nuestra necesidad de descanso. Nosotros podemos cubrir esa necesidad de otras maneras.
  • Comida. Comer cuando toca y no cuando hay hambre. He aquí una incoherencia que se manifiesta rápidamente en el cuerpo: alergias alimentarias. Ojo que no estoy diciendo que todas provengan sólo de obligar a los niños a comer cuando no tienen hambre, pero sí que este hecho tiene una gran influencia. ¿Cuántos malos ratos se pasan en torno a un plato de comida? ¿Qué pasa si otro adulto nos obliga a comer cuando no tenemos hambre? No le tiramos el plato a la cara por educación, pero sí se lo hacemos saber de otras maneras  para, finalmente, respetar nuestro cuerpo y  no comer. ¿Por qué es tan difícil de aceptar esto en los niños? Su forma de manifestarse más común es el llanto. Si ya hablan, es la palabra no. Pero es que ese NO a la comida está diciendo SÍ a escuchar y  respetar su cuerpo.  Una vez más, es la necesidad del adulto que el niño coma cuando toca y no cuando quiere. Si come a “destiempo” implica que la persona a su cuidado cocine más,limpie más o duerma menos siesta. No pasa absolutamente nada si come a horas diferentes, de hecho, es lo habitual. No vamos a ser menos familia por no comer todos juntos en la mesa ni la persona a su cargo se va a desmayar por prepararle comida a otras horas. Lo que impide llevar esto a cabo tiene más que ver con el adulto que con el niño.
  • Higiene. Lavarse las manos antes de comer es un hábito que queremos que aprendan  pronto por el miedo que tenemos los adultos a que pillen alguna infección bacteriana o cualquier otro síntoma (tampoco entraré ahora en este tema de las infecciones,sólo diré que yo desterré esa creencia hace años). La misma información se puede decir de diferentes maneras: 1. A voces desde la cocina a voces <<¡lávate las manos que vamos a comer!>>, o a su lado y altura << cariño, para mí es importante que nos lavemos las manos antes de comer  para cuidar nuestro cuerpo. ¿Nos las lavamos juntos?>> Esto no lo suelen aprender con cinco veces que se les diga. Necesitan de la repetición suave y continuada para que lo vayan integrando. Y si algunas veces no se lavan las manos, tampoco pasa nada. ¿Has probado a comer sin lavarte las manos? ¿Te ha pasado algo? Entonces seguro que no merece la pena enfrascarse en una discusión  porque tu hija no se quiera lavar las manos algunos días.  Y, por favor, evitemos las explicaciones disfrazadas de lo que puede pasar sino se lava las manos o los dientes cada día. He visto a familias donde sus hijos menores de 5 años están obsesionados con la higiene porque piensan que si no se lavan las manos  o los dientes, unos bichos feos y sucios estarán por su cuerpo haciéndoles daño. Cuidado con los vídeos que les enseñamos con toda nuestra mejor intención. A ellos se les queda antes lo que ven que lo que oyen. Y con el baño es similar. ¿Qué tan necesarias son las peleas diarias para que se duchen? ¿Qué es lo peor que  puede pasar sino se duchan esos días que no quieren: que se manchen las sábanas, el pijama, que piensen los  demás que no cuido bien de mi hijo? Volvemos a lo mismo, responden a las necesidades del adulto más que a las del niño.  La higiene y el cuidado personal son  importantes y se lo podemos enseñar con el ejemplo a la vez  que les informamos de para qué es importante.

La imposición crea rechazo.

  • Tareas. Realizar tareas todas las tardes no les crea ningún hábito porque las hacen por obligación. Después de tantas horas en el colegio, lo que menos les apetece es seguir haciendo lo mismo. Sus necesidades son jugar en todas sus variantes,descansar o estar con su madre y demás miembros de la familia. Sin embargo, les imponemos que hagan tareas otra vez “por su bien”, para que adquieran el hábito y luego les cueste menos. ¿Menos que qué? Me pregunto yo. ¿Menos de lo que te cuesta a ti ir cada día a un trabajo que no te gusta? Si les encantase ir a clase y hacer tareas no haría falta ni decírselo. El foco de las tareas vuelve estar en los adultos. Esto lo tengo desarrollado en este otro artículo.

 

A los niños les da igual el día de la semana o las horas concretas que tienen que hacer una actividad. No es eso lo que les aporta seguridad, tranquilidad y todo lo arriba mencionado. Se lo aporta el hecho de saberse acompañados y protegidos por papá y  mamá , de sentirse tenidos en cuenta,amados y cuidados. Cuando se sienten merecedores de respeto, cariño, afecto y  contacto, no les importa tanto la acción que le pidamos  que la recibirán con apertura. Se trata de buscar la forma creativa de informarles y mostrarles que en casa son importantes ciertos hábitos y aceptar que su ritmo de aprendizaje dista mucho de nuestras expectativas.

En mis años de maternidad no he establecido rutinas  en cuanto a los ritmos biológicos de sueño,comida, movimiento,esfínteres o hidratación. Más bien soy yo la que se va adaptando a sus necesidades a la vez que cuido de las mías. Estoy segura de que el proceso de crecimiento personal de los padres previene cantidad de síntomas y comportamientos no deseados en los niños. ¿Será por eso que en 7 años hemos ido 5 veces al pediatra por temas puntuales? La respuesta no la sé pero de lo que sí estoy convencida es que seguiré creciendo interiormente para cuidar y respetar al máximo a esa personita que ha venido al mundo a través de mí.

A nosotros nos enseñaron así y nos cuesta horrores no actuar de forma automática e identificar las creencias que nos bloquean. Ahora tenemos el poder de hacerlo diferente con nuestros hijos y transmitirle introyectos que potencien su personalidad y favorezcan su autenticidad. Actuando de esta manera nos aseguramos de que realmente sí es por su bien.

 

 

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Acompaño el aspecto emocional de padres y madres durante el proceso de divorcio así como las dificultades que aparecen a posteriori. Las sesiones pueden ser conjuntas para establecer el mejor convenio para la familia (de mutuo acuerdo) o por separado para quien quiera ese apoyo y sostén emocional. El objetivo es que uno o ambos progenitores aprendan a gestionar la separación de forma coherente para que no sea un trauma familiar.

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