La separación es el comienzo de una etapa

 

 

Hay quien está meses o incluso años con la idea de separarse. No lo hace por los hijos, por economía o porque  el miedo a la incertidumbre aún pesa más que  el miedo de estar “malviviendo” en esa relación conocida.

Separarse del padre o madre de tu hijo no es fácil. Por muy amistoso que sea y por muy bien que os llevéis, siempre hay emociones que remueven por dentro. De forma muy general, quien decide separarse parece que lo lleva mejor que quien prefiere seguir la relación, sin embargo, ambos experimentan  tristeza, miedo y rabia en mayor o menor medida.  

 

Una separación duele aunque sea elegida. Por eso se habla de pasar el duelo, porque hay un dolor que transitar al no tener esa persona cerca. Cuando se experimenta ese dolor, muchas personas creen que han tomado la decisión equivocada porque están llorando  o deprimidos. Se replantean si volver o no la relación  como una segunda oportunidad (o tercera, o cuarta,…) Cuando lo que realmente están sintiendo es ese duelo natural y biológico. Decirte que esta etapa es temporal y se pasa (a menos que  nos quedamos enganchadas en el pensamiento y el dolor mute a sufrimiento).

Una vez tomada la decisión de separarse y pasado el duelo, de manera individual o con ayuda profesional, pensamos que ya pasó lo peor: no más peleas, no más discusiones, no más borracheras,no más silencios y no más insultos ni delante ni detrás de los hijos. Por una parte, sentimos una gran liberación, nos invade un estado de calma y de repente, nos encontramos muy bien. Por fin hemos hecho aquello que tanto deseábamos en pos de recuperar el poder de nuestra vida.

Este período de calma pronto se ve tapado por la inmensidad de preguntas que desde el miedo nos aparecen:

  • ¿Cómo se lo tomarán los hijos?
  • ¿Cómo se lo decimos a la familia y amistades?
  • ¿Cómo gestionamos las visitas?
  • ¿Dónde hay que acudir para hacer un convenio? ¿Qué pautas hay que tener en cuenta para redactarlo?
  • ¿Quién se queda y quien se va de la casa familiar?
  • ¿Qué pasa con la manutención?
  • Y un sinfín de preguntas más.

 

El miedo tiene una función muy importante y gracias a él podemos dar respuesta a estas y otras preguntas. El problema radica en que estamos tan desconectados de nuestro instinto y de nuestra esencia que ese miedo nos paraliza en la mayoría de las veces y no nos deja reaccionar, es decir, nos impide encontrar respuestas coherentes en beneficio de todos, sobre todo de los hijos.

Con la separación se da carpetazo a un libro de la vida al mismo tiempo que se abre otro en blanco para escribir una nueva historia. Siento decirte que lo “difícil” viene ahora. Es ahora cuando podemos ver cuánto nos habíamos abandonado a nosotras mismas, cuanto habíamos permitido que nos faltasen al respeto o cuánto llevábamos sin ser lo que realmente somos. Darse cuenta de todo esto  duele mucho. Por eso, lo más fácil es echarle la culpa al otro por lo que hace o deja de hacer, por su comportamiento con los hijos o por lo que pide en el convenio. (Dejo a un lado la parte de cómo está estructurada la sociedad).

Que cada cual se haga responsable de lo suyo y de la parte que le corresponde con los hijos.

¿Qué pasa cuando uno no se hace cargo de los hijos?

Lo más común es  que sea la madre quien se quede con la guardia y custodia y sea el padre quien establezca un régimen de visitas, o bien que haya custodia compartida para ambos. Me centraré en el primer caso por ser lo que más abunda de momento.

Un padre que no llama todos los días o semanas a su hijo/a, que no le visita todos los días  estipulados  o que no pasa la manutención mensual correspondiente  por los motivos que sean (sí, ellos también tienen sus motivos para no hacerlo, otra cosa es que no nos gusten), resulta que tiene el poder de desestabilizar nuestra vida emocional. ¿Perdona?

Si ese padre no quiere cuentas con su hijo/a o quiere relacionarse a su manera con él, no debería influir en nuestro estado anímico. Es con su hijo con quien va a sembrar esa relación, no contigo. Para lo que sí influye,entre otras, es para ver cuánto camino queda aún por recorrer para empoderarnos y ponernos en nuestro sitio. Una cosa es facilitar y permitir que se vinculen como padre- hijo/a y otra es pasar por alto nuestra agenda y nuestros planes por tal de que se vean. Ni por los hijos debería mantenerse una pareja ni por los hijos  debería una madre dejarse pisar. Darse cuenta de esto es todo un proceso personal por el que se pasa en esta etapa.

Está claro que el ideal es que ambos padres se lleven bien,que los dos mirasen por el bien de los menores y que pudieran hacer sesiones juntos (mediación o terapia); no obstante, lo que más abunda es lo contrario: progenitores que  entran en una lucha de poder por la casa,la economía, los vehículos y, como no, por los hijos. Son dos egos luchando por sus propios intereses sin tener en cuenta qué es lo mejor para los más pequeños de la familia.

Si como madre separada estás en una situación similar te invito a poner el foco en ti y en tu hijo/a/s en lugar de gastar tanta energía malmetiendo contra el padre (aunque sea en tus pensamientos). Lo que él haga o deje de hacer no es tu responsabilidad, pero elegir qué hacer con eso que estás sintiendo sí que lo es. Puedes invertir tu energía en acompañar a tu hijo lo mejor que puedas, en pedir ayuda, en llamar a las amistades, en informarte o en cualquier otra cosa que te haga sentir bien.

Si no sabes por dónde empezar y quieres una guía profesional, yo puedo acompañarte el tiempo que lo necesites. ¿Hablamos?

Recordemos que la separación de una pareja no significa que la familia se separe. Para un niño, sus progenitores son su familia para siempre, estén juntos o separados.

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Acompaño el aspecto emocional de padres y madres durante el proceso de divorcio así como las dificultades que aparecen a posteriori. Las sesiones pueden ser conjuntas para establecer el mejor convenio para la familia (de mutuo acuerdo) o por separado para quien quiera ese apoyo y sostén emocional. El objetivo es que uno o ambos progenitores aprendan a gestionar la separación de forma coherente para que no sea un trauma familiar.

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