Lo que hay detrás del estallido emocional de tu hijo

“La culpa es de los padres”.  “A saber lo que ese niño verá en su casa. Los padres no saben educarle”.

Estas creencias tan  destructivas están grabadas a fuego en el inconsciente colectivo de la sociedad.
Cuando un niño tiene una “rabieta, un comportamiento inadecuado o una reacción desagradable” ,según la percepción adulta, enseguida se le echa la culpa a sus padres.

Hay quien sólo lo piensa para sus adentros y hay quien lo expresa verbalmente para que le oigan claro y empezar así un nuevo tema de conversación con el grupo que tercie en ese momento.  Ambas situaciones  tratan de juicios condenatorios, críticas, falta de respeto y  cero empatía. A esto se le conoce como violencia invisible y responde a un sentimiento profundo de culpa. Los juicios y las críticas son un mecanismo de protección  para auto-justificarse de que lo que uno hace o dice a su hijo no está tan mal porque hay otros que lo hacen peor. Digamos que se proyecta en el otro lo que no quiero ver en mí,pasando por alto  lo que la otra persona que lo escucha puede estar sintiendo.

Estos mismos juicios también están en la mente de padres y madres cuando riñen o castigan por un comportamiento o actitud “indebida”, sobre todo si es en lugares públicos. Esto responde a la necesidad de inclusión y pertenencia “si le riño verán que me encargo de la educación de mi hijo y puedo seguir dentro del grupo sin destacar y sin que hablen de mi” o, lo que es lo mismo, se está más pendiente del qué dirán los demás que del verdadero estado emocional del niño y la causa que lo originó.

¿Culpables o responsables?

Los padres no somos responsables de sus reacciones emocionales ni podemos controlar que, ante una situación cualquiera, nuestros hijos respondan de una manera determinada (gritando, mordiendo, pegando, corriendo, llorando,callando…). Repito,no podemos controlar sus reacciones

Ellos  expresan sus emociones en función de lo que sienten en en ese momento más todo lo que ya traen de serie. Responden a su manera única y personal por la mochila que ya portan en su corta edad. Los niños no son robots que podamos manejar pulsando botones o programando sus emociones. Es algo intrínseco que llevamos dentro en tres niveles: cuerpo, mente y alma.

Cuando nos sentimos mal por alguna reacción poco agradable que ha tenido un hijo es porque en el fondo hay juicios y culpa sobre si lo estaremos haciendo bien o no. Es decir, ponemos el foco en el resultado (la actitud del niño) para evaluar si somos buenos padres. En lugar de esto, podemos  observar la causa que llevó al niño a tener ese comportamiento.

La culpa no existe en la Naturaleza.  Es una invención 

de los humanos.

¿Qué hay detrás de una explosión emocional?

Como decía antes, los niños ya vienen con una mochila desde que nacen y es nuestra responsabilidad ayudarles a gestionar lo que hay dentro. Para esto esto es necesario revisar primero lo que hay en nuestra propia mochila.

Algunos de los factores que influyen en que los niños reaccionen de una determinada manera  u otra son los siguientes:

  1.  La información heredada del clan familiar al que pertenecen: enfermedades, abortos, secretos, abandonos, muertes, hijos no reconocidos,…
  2. El proyecto sentido por el que fueron concebidos: si fueron buscados o encontrados, si fueron para hacer  compañía al hermano/a, para arreglar la relación de pareja, para cuidar a los padres en la vejez, para que la pareja no le dejase,…
  3.  El embarazo que vivió la madre con todos y cada uno de los conflictos que experimentó, con sus emociones y estados de ánimo: la relación de pareja, muertes cercanas, accidentes, economía desfavorable,pérdida del trabajo,….
  4. El parto y todas las situaciones que lo rodean: padre ausente, miedos, violencia obstetricia, posición fetal, epidural, la forma de llegar al mundo,…
  5. El postparto con toda la erupción volcánica que provoca en la madre por cómo se ha sentido de acompañada y respetada: abuelas demasiado serviciales,tener a la familia lejos, la propia recuperación física del cuerpo, sin red de apoyo física ni emocional,…
  6. Las creencias de los padres que repiten por similitud o por oposición los mismos patrones de educación y crianza que usaron con ellos sin cuestionarse otras maneras de hacerlo.
  7. Los conflictos propios del niño que haya vivido con los hermanos, los compañeros de clase, los profesores, con otros familiares o con sus amigos.

Como veis, son muchos aspectos a tener en cuenta antes de juzgar o auto-juzgarse por el comportamiento y actitud de los niños. Sería conveniente acordarse de esto antes de juzgar a nadie sobre cómo está educando  a sus hijos y antes de sentirse “mala madre o mal padre”.

¿Cómo podemos contribuir de forma responsable al bienestar de la familia?

Los padres  sí somos responsables del ambiente familiar que rodea a un niño, es decir, de favorecer el entorno donde se desarrolla, de mirar bien con quién lo dejamos a su cuidado, de conocer cuáles son sus necesidades reales e intentar satisfacerlas siempre que se pueda, de prestar atención al vocabulario que empleamos en casa, de informarnos cómo lo hacen otras familias, de priorizar  los valores en casa (respeto, escucha,afecto,amabilidad), de autoindagar nuestra propia infancia para no hacerles cargar con “ladrillos emocionales” de nuestra mochila, de aprender a conocer y gestionar nuestras emociones, de mejorar la  comunicación afectiva con la pareja, de cuestionar las creencias que hay detrás de nuestro comportamiento hacia los niños, de ofrecerles comida sana, de permitirles expresar libremente sus emociones, de acompañar la necesidad de movimiento, de aprender otra manera de expresarse que se base en la empatía en lugar de la violencia y de criarlos de la única forma que se merecen, con amor incondicional. De todo esto y más, podemos hacernos cargo en tanto que adultos.

Ahora que sabes esta información, te invito  a que antes de juzgar a una madre, un padre,a un niño o a ti mism@, te acuerdes de que todos tenemos una mochila invisible de la que no sabemos qué hay dentro  como para que haya provocado una determinada reacción.

Estoy convencida al 100% de que cada padre, madre y demás  adultos  intentan hacerlo lo mejor que pueden y saben hasta ese momento. Quiero creer que siempre hay una intención positiva tras cada hecho o palabra que hacemos. Otra cosa es que la persona que reciba esa información, se lo tome a mal o no esté de acuerdo.

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Acompaño el aspecto emocional de padres y madres durante el proceso de divorcio así como las dificultades que aparecen a posteriori. Las sesiones pueden ser conjuntas para establecer el mejor convenio para la familia (de mutuo acuerdo) o por separado para quien quiera ese apoyo y sostén emocional. El objetivo es que uno o ambos progenitores aprendan a gestionar la separación de forma coherente para que no sea un trauma familiar.

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