Ser madre separada es difícil

 

Si eres madre  separada con la guardia y custodia de los hijos menores, es difícil casi todo. Aunque hayas elegido tú separarte y sientas una gran liberación por ello, parece que la vida se complica por dos o por tres.

Es difícil quedar con las amistades para charlar y despejarte un rato, es difícil conciliar trabajo y familia, es difícil que te concedan una ayuda porque suele faltar un documento o porque va para largo, es difícil encontrar tiempo para cubrir tus necesidades (si es que te paras a buscarlas), es difícil desplazarte porque el coche se lo quedó tu ex. Es difícil encontrar un piso de alquiler porque hay menores o un trabajo digno porque tienes que dar de comer a la prole como sea. Difícil que alguien que se quede con tus hijos mientras vas al supermercado o encontrar a alguien que te de apoyo y te preste una oreja cuando creas que no puedes más. Ya ni hablemos de ir al gimnasio, a yoga o de senderismo.

Si los hijos están en edad infantil, la cosa se complica aún más. Ellos requieren tu máxima atención aunque estés agotada, quieren teta aunque aún no hayas comido, quieren dormir cuando justo hay que salir de casa o quieren que les mires y escuches todo el rato cuando está la cocina “manga por hombro”. Ellos solo entienden el momento presente aunque tú te estés quejándote por el pasado y preocupándote por el futuro.

Aun así, bregar con todo eso no es lo más difícil. Lo más difícil es criar y educar a los hijos de forma unilateral porque el padre no puede o no quiere ejercer su paternidad de forma equitativa y responsable. Un padre que te culpa si los hijos son más o menos obedientes, si son delicados para comer o no, si van mejor o peor en el colegio, si son muy sociables porque pasan muchas horas en el parque o si son unos antisociales porque están todo el día en casa con las pantallas. Hagas lo que hagas, la culpa es tuya porque es con quien pasan más tiempo  los hijos. ¡Tiene narices!

En medio de este panorama, tenemos a una madre que hace todo lo que está en su mano por criar con amor a sus hijos: se encarga de mantener el hogar algo limpio y  ordenado, se encarga de hacer la compra y de cocinar, de poner lavadoras y de colocar la ropa en los armarios cuando vuelve del trabajo. Es la que pone límites, normas y objetivos; la que canta pidiendo colaboración en casa para que recojan al menos sus materiales  y la que se ducha a las once de la noche porque también quiere leerle un cuento a los hijos. Esa madre presta atención a sus hijos a pesar de que los párpados se le cierran y a pesar de que uno de los hijos está enfadado y el otro llorando.

Lo que a menudo consigue gesticular esa madre sacando fuerzas de sus vísceras es un ¡basta ya! Entre el cansancio y el enfado que tiene, apenas se para a pensar las palabras que siguen saliendo de su boca. Más bien son frases automáticas que va cargando su mente y disparando su boca. Posiblemente sea algo parecido a lo que le decían a ella de pequeña, ya que es el modelo de educación que conoce y no hay nadie más para contrastarlo.

Esas frases hirientes, esas amenazas y esos castigos que les dice a los hijos no la hacen sentir buena madre,más bien todo lo contrario. A ella le gustaría tratar con más cariño a sus hijos, hablar desde la calma con ellos, salir más a pasear, comprarles algunos regalos o salir a comer fuera de vez en cuando.

Esa madre lee, se informa, mira vídeos y sigue a otras madres de referencia. Le gustaría llegar a ser como ellas, pero de momento siente más culpa que antes. Culpa por perder los nervios con los hijos, culpa por hablarles con poca amabilidad, por no saber gestionar sus emociones, por no saber cómo empezar a identificar sus necesidades o por darle bocadillos de salchichón y chuches cada día. Ella se compara con esas otras madres porque aún cree que le falta mucho por hacer, por tener y por ser.

Esa comparación no es real, al igual que ninguna otra lo es. La madre de hoy ha pasado por alto que las situaciones familiares de cada una de esas otras madres son diferentes a la suya y que, sobre todo, ella sola tiene una carga que no le corresponde. Ella pasa por alto todas las horas al día,al mes y al año que dedica a cuidar y proteger a sus hijos lo mejor que puede, que ha dado su cuerpo como canal de llegada y que está ahí cuando sus hijos necesitan expresar emociones intensas.

Esa persona, además de madre es mujer, hermana, hija, amiga, ex pareja y puede que trabajadora. Hay más   relaciones que cuidar y conflictos que solucionar aparte de los maternales. Lo raro es que esta madre no acabe desquiciada saltando por el balcón o dejando a los hijos con algún familiar porque no puede más. Para ella, gritar,amenazar o pegar a los hijos es lo “mejor” que puede hacer antes que autolesionarse o quitarse la vida. Mejor eso que huérfanos.

 

¿Cómo salir de ahí?

En la vida se ha visto a tantas madres criando de forma individual como ahora. Biológicamente no estamos diseñadas para el individualismo, sino para la comunidad y la tribu. Sin embargo, cada vez hay más madres que nos ocupamos de todo porque no hay quien se haga cargo de ello, sobre todo de los hijos.

Para salir del agujero se necesita mucha fuerza de voluntad y ayuda. No se trata de fuerza para seguir haciendo más cosas y con más ganas, si no fuerza para querer mirarse para adentro y descubrir lo desconectadas que estamos de nuestra esencia, fuerza para sincerarse con una misma y para derribar algunos cimientos inestables (creencias limitantes). También se necesita valentía para mostrarse vulnerable y pedir ayuda. Aunque creas que estás más sola que la una, estoy convencida de que siempre hay alguien que puede echarte una mano. Pasar por ese proceso de transformación personal es difícil, pero es muy necesario si queremos acompañar a los hijos desde otro lado y si queremos salir de donde estamos.

Lo más sorprendente de todo es que cuando se sale de ahí, se evoluciona a otro estado donde la seguridad, la confianza y el poderío femenino lideran el avance. Por eso las madres separadas parecemos unas todoterreno, porque sea cual sea el conflicto familiar que haya que pasar, ahora podemos hacerlo desde una posición firme y sin sentir tanta culpa por el resultado. A las que estamos separadas y criando se nos viene todo encima hasta que encontramos a quien nos guíe por el camino y nos dé respuestas que faciliten la comprensión del para qué nos pasa lo que nos pasa.

Lo difícil no es ser una madre separada, lo difícil es lidiar con esa situación en una sociedad llena de individuos que poco acompañan y apoyan, empezando por el padre de las criaturas y acabando por el gobierno. Aun así, ni unos ni otros deberían influir en nuestro equilibrio emocional por más tiempo del natural. (Mira este artículo sobre la biología de las emociones).

Ser madre separada es difícil, pero también es una oportunidad de oro para el desarrollo personal. ¿Hablamos?

The following two tabs change content below.
Acompaño el aspecto emocional de padres y madres durante el proceso de divorcio así como las dificultades que aparecen a posteriori. Las sesiones pueden ser conjuntas para establecer el mejor convenio para la familia (de mutuo acuerdo) o por separado para quien quiera ese apoyo y sostén emocional. El objetivo es que uno o ambos progenitores aprendan a gestionar la separación de forma coherente para que no sea un trauma familiar.

Latest posts by Cristina Padilla (see all)

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.