¿Vives la separación como un abandono?

 

En numerosas ocasiones se da que la relación de pareja está tan fría y tan distante que, en lugar de afrontarlo con una comunicación afectiva entre ambos, uno de ellos decide irse y dejar el núcleo familiar casi de un día para otro.

Una pareja es cosa de dos

Para llegar a esta situación es necesario que los dos hayan puesto de su parte aunque sea uno quien actúe,es decir, ya que una relación de pareja es cosa de dos al 50%, ambos han influido, de forma más o menos consciente, con su comportamiento, actitud, palabras y silencios para que haya esa distancia emocional y ese enfriamiento.

Lo más habitual en estos casos es que sus caracteres estén polarizados,de manera que uno lo viva desde la acción,la fuerza y/o la agresividad, y el otro desde la sumisión,el victimismo y/o la quietud. Aclaro que  esto no tiene nada que ver con el género de la persona, sino con las energías masculina y femenina y el sistema de creencias de cada uno.

Sea como fuere que se ha enfriado la relación, para que un padre o una madre decida abandonar el domicilio dejando su familia, algo muy intenso le tiene que estar pasando por dentro como para sentir ese territorio como zona de peligro. De ahí que su instinto mamífero le haga huir para ponerse a salvo. Y es que, aunque cueste entenderlo, nuestra biología siempre actúa para cuidarnos,protegernos y mantenernos con vida. Otra cosa es que el sistema de creencias que hemos desarrollado los humanos  contradiga esos actos.

La persona que se va

Como decía antes, el progenitor que huye y se va lo hace inconscientemente conducido por su más puro instinto. No se ha parado a razonar, hablar, ni a compartirlo con nadie. Su vaso se ha ido llenando gota a gota y con la última se ha desbordado. Previamente a este momento, no se ha ocupado de pedir ayuda con su parte racional,de expresar lo que le pasa a su pareja o de iniciarse en el autoconocimiento. No ha hecho nada para responsabilizarse de sus emociones  ni para pensar en las consecuencias, por eso digo que la huida ha sido inconsciente total.

Ojo, que no estoy justificando a alguien que haga esto, sino que estoy explicando lo que suele suceder dentro de su cuerpo-mente.

Cuando hay una situación de miedo, la biología de cada persona activa uno de los tres mecanismos según su historia de vida: la huida, el ataque o la evasión. Digamos que es un cruce de cables que se dan entre el hemisferio izquierdo y derecho donde impide a la persona razonar o elegir entre varias opciones. En ese momento el cerebro solo va  por una salida: la de ponerse a salvo y sobrevivir.

Explicar la parte biológica sirve para comprender que ni el bueno es tan bueno ni el malo es tan malo, sino que todos respondemos a programas evolutivos que se activan según las experiencias que hayamos vivido en nuestro pasado y que, según el grado de consciencia, actuaremos de una manera u otra.

La persona que se queda

En el caso del progenitor que se queda en el hogar con la prole, también sufre un fuerte impacto a nivel cerebral donde siente abandono, soledad y exclusión (“nos ha echado de su vida”). Esto se suma a que,de repente, ha perdido a un miembro de su territorio y no sabe cómo va a tirar adelante con el carro familiar si no tiene los medios suficientes ni una red de apoyo. Aparentemente, maldice con rabia al otro progenitor por lo que ha hecho, sin embargo, en lo profundo de su ser se siente culpable por haber sido cómplice de  esa situación. Como ya dije antes, una pareja es cosa de dos.

Aquí suele encontrarse una persona adulta sumida en una tristeza profunda, con bloqueos que le impiden tomar decisiones adecuadas a la situación, con una sobrecarga física y emocional considerable, con pensamientos en torno a la muerte y varias cosas más. Una vez más, hay un “cruce de cables” entre hemisferios donde la biología ha decidido dejar a la persona en esa situación para que no haga locuras y se mantenga en su territorio con sus miembros a cuidar. Aquí se suele escuchar frases del tipo “desde que se fue no he vuelto a levantar cabeza” o “a raíz del divorcio entré en depresión”.

Los estados son cambiantes

Lo bueno de todo esto es que son estados pasajeros y que si se comprenden y se trabajan, pueden transformarse en otro estado. Así como el elemento agua necesita de un agente externo (frío/calor) para cambiar de estado líquido a gaseoso o sólido, las personas también necesitamos una ayuda externa para cambiar nuestro estado. Esa ayuda puede ser un libro, un curso, un profesional o un papel y boli, pero hasta que la persona no toma esa decisión de priorizarse y cuidarse, pocos cambios tendrá.

Son numerosas las consultas que recibo de progenitores que piden un acompañamiento emocional porque están mal desde que su ex “les abandonó”. Y sé que lo dicen con todo el sentido del mundo por lo arriba explicado, sin embargo, poco a poco y con mucho tacto, voy tirando del hilo conductor hasta que la persona se da cuenta de que el abandono real ha sido al hijo y no a ella, pero que lo vive como propio por  experiencia dolorosa que tuvo en la infancia (herida de abandono). Aquí es donde se entra en materia para trabajar y transformar esa sensación de soledad.

Ahora como adulto/a, lo que ha tenido es una separación y ruptura de pareja repentina en la que también hay un duelo que hacer y una dependencia emocional que trabajar. Además, está el añadido de  la dependencia económica que muchas madres tienen al dedicarse en exclusiva a la crianza y no tener una fuente de ingresos. (Mira el e artículo que escribí sobre esto).Por eso sienten como un abandono cuando la pareja se va, porque  se quedan sin recursos físicos ni emocionales con los que valerse por sí mismas para cubrir las necesidades básicas del hogar.

“El abandono real es a los hijos. Los adultos se separan.”

Y depende de cómo se viva esa separación, entran en escena unas emociones u otras.

Si te resuena lo que digo y quieres que te acompañe a transitar tu separación o divorcio de forma puntual o continuada, puedes escribirme un correo aquí y te contestaré lo antes posible. Y si no es tu caso pero sabes a quien le podría ir bien leer este artículo, no dudes en compartirlo.

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Acompaño el aspecto emocional de padres y madres durante el proceso de divorcio así como las dificultades que aparecen a posteriori. Las sesiones pueden ser conjuntas para establecer el mejor convenio para la familia (de mutuo acuerdo) o por separado para quien quiera ese apoyo y sostén emocional. El objetivo es que uno o ambos progenitores aprendan a gestionar la separación de forma coherente para que no sea un trauma familiar.

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